Honor y Vergüenza en la Biblia: Un Ejemplo del Antiguo Testamento

En nuestros artículos anteriores estuvimos hablando de cómo nuestros conceptos predeterminan la forma como nos acercamos a la Biblia. También mencionamos que nuestros filtros no desaparecerán, pero sí podemos obtener mejores fórmulas o prescripciones para nuestros anteojos. Para ello necesitamos conocer los códigos, las formas que regían las sociedades alrededor de las cuales surgió la Biblia. No es tarea fácil identificarlas, pero tampoco imposible. Es como cuando vas a un lugar nuevo y comienzas a notar que no hacen las cosas como las haces tú.

En esta ocasión queremos hablarte de un concepto súper importante presente en las culturas orientales, y es la cultura de honor y vergüenza. Te lo explicaremos de la forma más sencilla posible, porque estos temas sociológicos son complejos y a veces aburridos, pero sí muy importantes en esto de la comprensión de las culturas de las sociedades en tiempos bíblicos. Lo fundamental aquí es entender que mientras la cultura occidental es eminentemente individualista, la oriental es colectivista.

Teniendo en cuenta esto, debemos también saber que ese individualismo propio de Occidente nos ha configurado para definir todo en términos de lo que es bueno y lo que es malo partiendo del criterio individual: se espera que la persona defina mediante sus mecanismos internos de consciencia lo que debe hacer, siempre con tendencia a lo correcto. El mecanismo de definición de lo correcto es interno y se ejecuta en solitario. No es así con las culturas de honor y vergüenza. En ellas, lo bueno es definido por lo que la comunidad espera de ellos.

¿Te incomoda esa idea? ¡Lo sabemos! ¡Nos pasa igual! Pero estamos analizando esto, no pretendemos cambiar tu configuración, así que síguenos el paso. Mientras nosotros definimos lo correcto e incorrecto por mecanismos de consciencia individual, en las culturas bíblicas, es la expectativa de la comunidad lo que rige tal decisión. No cumplir tales expectativas causa vergüenza, lo que se constituye en algo indeseado. Ahora, en ambos casos se busca hacer lo correcto, la diferencia es quién o qué determina eso. Para explicarte mejor, hemos escogido dos casos de ejemplo, y hoy estudiaremos uno del Antiguo Testamento.

Mientras nosotros definimos lo correcto e incorrecto por mecanismos de consciencia individual, en las culturas bíblicas, es la expectativa de la comunidad lo que rige tal decisión.

Vente con nosotros a 2 Samuel 11. La mayoría de nuestras biblias titulan este episodio como David y Betsabé, pero una lectura detallada hará evidente que Betsabé es un personaje secundario, al punto que es llamada por nombre solo una vez. El resto de las veces es “la mujer de Urías”. Ya de inicio el pasaje enciende las alarmas de una persona oriunda de esos sitios: “en el tiempo en que los reyes suelen salir a la guerra, que David envió a Joab junto con sus servidores y con todo Israel…Pero David se había quedado en Jerusalén”. (v. 1) David no está actuando de manera acorde a su investidura y eso es vergonzoso. Ya tal afirmación es un indicio de que algo lamentable ocurrirá.

Luego, el sirviente a quien se le pregunta quién es la mujer, responde con una pregunta: “¿No es esta Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías el heteo?” (v. 3). Una vez más, el elemento de honor/vergüenza se hace evidente. No se supone que los súbditos sepan más que los reyes, de manera que la pregunta recordatoria sugiere una supuesta información que el rey ya posee, pero que no recuerda. Nadie pasa vergüenza, ni el sirviente por sabiondo, ni el rey por ignorante.

Entonces, sucede que la mujer que el rey tomó y luego despachó, ha quedado embarazada. No es un secreto que fue así, si leemos el pasaje, varias personas de la corte fueron parte de esto, así que la privacidad no es el tema. David pudo haberle pagado a Urías por su mujer, pero él la envió a su casa. Así que, mientras nosotros generalmente nos hacemos una novela con la supuesta culpa de David, lo que hay aquí es un afán por restaurar el honor real. Todos en el palacio sabrían que el bebé no era de Urías, pero si él hacía del padre de la criatura, el rey no quedaría mal parado.

Pero Urías no cae en el juego. De hecho, en su segunda comparecencia, las respuestas dejan en verguenza a David: “El arca, Israel y Judá están en cabañas, y mi señor Joab y los servidores de mi señor están acampados al aire libre..” (v. 11). Es decir, la respuesta al rey evidencia que él es el único que no está en donde debe. De hecho, Urías es un mercenario, un soldado extranjero con más sentido de responsabilidad que el rey mismo. Esto es muy poco honorable.

Ahora, los reyes del Mediterráneo acostumbraban a salirse siempre con la suya, y aquí como Urías no quiso seguirle el juego a David, y más bien lo avergonzó, la respuesta de David fue mandarlo a matar, y en consecuencia, también otros sufrieron las consecuencias: “murieron algunos del ejército de los servidores de David. Y murió también Urías el heteo” (v. 17). No hay mención alguna de culpa, dolor, remordimiento. Todos los involucrados han sido satisfechos o silenciados.

Sin embargo, no todo queda allí. El capítulo cierra con esta contundente afirmación: “Pero esto que David había hecho pareció malo a los ojos del SEÑOR”. (v. 27). Culturalmente hablando, David no realizó ninguna transgresión. Pero Dios tiene estándares más altos. No obstante, nótese que no vemos a David angustiado por su consciencia. El elemento de convicción en este caso es externo: el profeta. Natán le dice sus cuatro verdades en la cara, y es allí cuando reacciona.

Pero todavía no acaba. Volvamos al tema de la cultura. David actuó como actuaban los reyes de la época: dar órdenes a ciudadanos, tomar bienes, mujeres o hijos de sus súbditos, y básicamente hacer lo que quiera. Estaba dentro de sus derechos culturales y reales. Técnicamente, David no ha roto ninguna ley, excepto la ley de Dios. Y allí queremos hacer un puente entre la cultura bíblica y la nuestra. Si bien, la cultura determina la forma como entendemos las consecuencias del pecado, la voluntad y mandamientos de Dios son universales, y por ende, supra-culturales.

Además, vemos también que sin importar el sistema cultural, el Señor desea nuestro arrepentimiento, y como nos ama, procurará usar los mecanismos para llevarnos a él. ¿Sí ves cómo la Escritura tiene ese poder de revelarnos la verdad trascendente de Dios? Comprender la forma como pensaban los autores y las audiencias originales de la Biblia le proporcionan profundidad a la manera como conocemos al Señor a través de Su Palabra, al tiempo que nos ayuda a desprendernos de nuestras parcialidades, que estorban Su Voz.

La semana que viene, hablaremos de un ejemplo del mismo concepto pero en el Nuevo Testamento, que te ayudará a comprender por qué Jesús muere de la forma como muere. ¡Déjanos saber tus preguntas e inquietudes!

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