Tres Anclas de la Aplicación Bíblica

Una de las preocupaciones del creyente que ama al Señor y le busca, es determinar cómo poner en práctica lo que su Palabra enseña. La verdad es que a la hora de la aplicación, ciertos pasajes parecen arrojar más luz, mientras que otros no parecen tan claros. ¿Qué hacer con una genealogía? ¿Cómo aplicamos las extrañas historias de Jueces? ¿Es de verdad necesario buscar una aplicación de la visión de Ezequiel? Son preguntas genuinamente válidas, y creemos que podemos ayudarte a responderlas porque hemos hallado la forma de abordar la Biblia como lo que es: la historia unificada que nos lleva a Cristo.

Es natural que al acercarnos a la Palabra queramos saber qué haremos con lo que ella nos enseña. Hace unos meses hablamos al respecto en Tres Preguntas que Puedes Hacerte al Estudiar la Biblia. Sin embargo,  es importante que antes de ir hasta allá, combatamos ciertas formas que nos condicionan a tener una visión utilitaria de las Escrituras. Es que  en este sistema de instantaneidad tenemos una tendencia a flor de piel  que nos impulsa saltarnos el estudio para buscar responder a como de lugar, “Ajá, ¿y entonces?”. Y es en esos momentos cuando estamos en riesgo de cercenar el proceso que implica permanecer en la Biblia.

En este sistema de instantaneidad tenemos una tendencia a flor de piel  que nos impulsa saltarnos el estudio para buscar responder a como de lugar, “Ajá, ¿y entonces?”

Por esa razón queremos darte tres anclas, tres principios fundamentales a la hora de buscar una aplicación a la Escritura:

1. La interpretación precede la aplicación. En Principios Básicos de la Interpretación Bíblica te comentamos la importancia que tiene la fase de interpretación. Una aplicación adecuada parte de una interpretación que honra el contexto histórico y cultural del pasaje en estudio. ¿Por qué? Pues, si queremos llegar a determinar esa verdad trascendente, necesitamos asumir la piel del autor y de la audiencia original para efectivamente hacer un puente hacia nuestro propio contexto. Eso nunca sucederá si partimos de nuestra postura.

También hemos dicho en otras oportunidades que el Espíritu Santo es guía, mas no atajo, de manera que el Señor no va a traer una revelación a nuestra vida sin que nuestra mente lo procese. Así que es muy importante tomarse el tiempo necesario para las fases de comprensión e interpretación, a fin de hacer una adecuada aplicación de la Palabra que provenga efectivamente de lo que el texto dice, y no de lo que nos parece a nosotros. ¿Ya leíste El Espíritu Santo y la Interpretación Bíblica?

2. La mejor aplicación está fundamentada en el carácter de Dios. Porque al final del día vamos a la Palabra a conocerle a Él para ser transformados a la imagen de Su Hijo. Por eso te queremos animar a pasar a un nivel más allá de: “Enfrentemos gigantes como David” o “Dejemos nuestro pasado como Rut”. Toda la Escritura nos habla de Dios, de Su plan y carácter. Cuando vamos a ella con eso en mente, podemos ver más que personas o hechos, podemos ver al perfecto Dios actuando para que todas las cosas sean reconciliadas en Su Hijo.

Eso no quiere decir que no estudiemos los hechos y los detalles del texto (Te invitamos a revisar Tres Ventajas de Permanecer en el Texto Bíblico). Ver a Dios produce en nosotros convicción de pecado y deseo genuino de tomar el camino correcto. Ver a Dios nos motiva a querer dejar de ser y hacer lo que le ofende, para correr tras Él. Es un hábito un poco difícil de adquirir, pero con constancia y enfoque, podemos lograrlo. Cuando estudies un pasaje, pregúntate: “¿Qué veo de Dios aquí?”, “¿Cómo eso debe cambiarme?”. Cuando la interpretación ha sido la adecuada, la aplicación surge de manera muy orgánica en ese sentido.

3. La Palabra es una semilla cuyo fruto es producto de un proceso. Comprender esto va a quitarnos la presión que nosotros mismos creamos al ir a la Palabra como si fuera un cajero automático. Es que el Espíritu Santo tiene una forma de actuar y no está apurado. Nosotros, por nuestra parte, en muchas ocasiones hacemos de esto una especie de tarea con la que hay que cumplir y cuyos resultados deben ser tales o cuales. Por cierto, puedes revisar Cuatro Razones Equivocadas para Leer tu Biblia.

Precisamente porque la Palabra es una semilla cuyo germen es vida, eso es lo que producirá, y sin duda lo hará. Por eso, no necesitamos desesperarnos en determinar qué hacer “ya” con lo que estudiamos, porque una vez que la verdad de Dios esté metabolizada en nuestro espíritu, ella misma se manifestará. Esa parte es labor del Santo Espíritu de Dios. Ya ves, si nos concentramos en hacer lo que nos corresponde, nuestros esfuerzos rinden mejores resultados.

La aplicación de la Palabra, la forma como nos apropiamos de ella va a ser mucho más provechosa si ajustamos la forma como nos acercamos a ella en primer lugar. Empecemos por comprenderla e interpretarla adecuadamente, basemos nuestra aplicación en el carácter de Dios, y dejemos al Verbo, la Palabra encarnada, impartida a nosotros mediante el Espíritu Santo, hacer su obra. Darle justa proporción a cada etapa del estudio nos permitirá caminar en la senda del justo del Salmo Uno.

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