Cuatro Elementos de la Cultura Bíblica que no Habías Notado

Hace algunos días pusimos nuevamente sobre la mesa la importancia de tomar en cuenta la brecha en tiempo y cultura entre nosotros y la Biblia. Tener presente esta realidad no nos libra de nuestros filtros, pero nos hace conscientes de ellos, y cuando es así, podemos proceder con más cuidado a la hora de estudiar la Palabra. Los autores bíblicos vivieron en otro tiempo, en un lugar muy distinto, con costumbres y realidades diferentes. Es en ese contexto en que Dios decide usarles e inspirarles a escribir y expresar Su eterna verdad.

Sin embargo, el concepto de cultura es sumamente amplio, y sus elementos se superponen. La cultura es un compendio de cosas, incluidas aquellas que van sin ser dichas porque se asumen que se saben. Por ejemplo, en nuestros países latinoamericanos es costumbre pedir la bendición. Pedir bendición es la forma, no solo tradicional, sino esperada, de saludar y despedir a un familiar que represente autoridad: padres, abuelos, tíos, e incluso primos mayores. Le enseñamos a nuestros niños, y esperamos que otros lo hagan con los suyos. ¿Por qué? Pues, no estamos muy preocupados por el origen antropológico de la costumbre, lo hacemos y ya. Seguramente, hasta tu tío ateo te da la bendición.

En la Biblia, muchos de los valores y costumbres están completamente implícitos para alguien que pertenece a esa cultura.

En la Biblia, muchos de los valores y costumbres están completamente implícitos para alguien que pertenece a esa cultura. No obstante, nosotros en búsqueda de darle el sentido a las cosas, analizamos e interpretamos desde donde estamos, bajo nuestro sistema de valores, a la luz de nuestra realidad. Es normal, como hemos dicho en otras ocasiones, pero no es lo deseado. La mejor perspectiva a tomar al interpretar la Palabra parte de la comprensión del ambiente que rodeaba al autor que escribió. Y queremos ser enfáticos con esto: interpretar mal la Biblia, nos lleva a una deficiente aplicación de la misma. 

Entonces, teniendo en cuenta esto, hemos elegido cuatro aspectos que tendemos a interpretar mal de las Escrituras y veremos como una adecuada comprensión de los mismos nos permite apreciar la verdad de Dios en sus términos:

1. Lo mejor que puedes hacer es envejecer. De este lado del mundo estamos obsesionados con la juventud. Ser joven no solo es lo mejor, sino que mantenerse joven es lo más deseable. Hay todo un sistema que nos impulsa a ello, desde productos de belleza y cuidado personal, hasta programas de ejercicio y alimentación. La idea es la misma: joven es bueno, viejo es malo, es desventajoso e incluso vergonzoso. ¿Canas? No, señor, hasta los hombres las cubren. ¿Arrugas? Ya no hay que vivir con tal desgracia; hay cremas, botox y en última instancia, el quirófano.

Pero en el mundo bíblico, la vejez es lo máximo, la juventud te descalifica. Leemos muchos proverbios que exaltan la vejez, las canas, la experiencia. Vemos a Jacob ser honrado por Faraón mismo (Gén. 47). El Predicador en Eclesiastés dice que es mejor ser un joven pobre que un rey necio (Ecl. 4:13). ¿Sí ves el patrón? Es esa la razón por la que Pablo le dice a Timoteo que nadie tuviera en poco su juventud, sino que fuera ejemplo (1 Tim. 4:13). Culturalmente hablando, ser joven en tiempos bíblicos constituía en muchos sentidos una desventaja, y ser viejo era algo anhelado. 

Por eso es tan chocante que Jesús debata con unos veteranos de la Ley y los deje en la goma. Aparte del enorme valor del honor, del cual estaremos hablando más adelante, los ancianos eran personas respetables, por su edad. No importa si sus posturas eran acertadas o no. Si era una persona mayor, su palabra iba por delante. Eso nos hace entender con mayor claridad el choque que produce cuando Jesús les dice que él era antes de Abraham (Jn. 8:58)

2. Casado o soltero, estás completo en Cristo. Nuestras iglesias predican el matrimonio como la cúspide del logro humano. Los pasajes que abogan por el celibato son mirados de reojo, y la soltería se etiqueta como una especie de mal, aguijón o incluso, aflicción. Sin duda, Dios nos hizo para tener compañía, y el matrimonio es un hermoso estado. Pero el sobre énfasis a esta idea no solo es falaz, sino que es una lectura incorrecta de las Escrituras. Aunque no se dice con esas palabras, se nos sugiere que la soltería es una especie de limitante, algo que no nos deja ser plenos. 

Además, el matrimonio parece ser una especie de escudo protector contra el pecado sexual. ¿Es eso cierto? ¿Es lo que la Biblia nos enseña? Una mirada al consejo completo de Dios, y a los pasajes que se usan para enseñar estos principios nos aclaran el panorama. Pablo escribe a la iglesia en Corinto, un lugar plagado de inmoralidad sexual por el culto a Afrodita. Es en ese contexto en el que escribe que es bueno quedarse soltero (1 Cor. 7:26a). Por otra parte vemos en el Génesis a Dios mismo decretar la unión entre el hombre y la mujer como buena

¿Quién tiene entonces la razón? ¿Está contradiciendo el gran apóstol Pablo a Dios? De ninguna manera. Somos nosotros que con nuestra lectura le hemos atribuido propiedades a una condición y a la otra como deseable e indeseable, buena y no tan buena. La soltería no es una limitante para servir al Señor, el don de continencia es eso, un don, un regalo de Dios. También lo son los cónyuges. La plenitud de la vida no proviene del estado civil sino de nuestra posición en Cristo. 

3. Si lo tienes agradece, si no, también. Dependiendo de nuestra realidad socio-económica, los versos y pasajes que se refieren al dinero juegan parte fundamental en nuestra teología, lo notemos o no. Si tenemos dinero o lo anhelamos, nos gustan muchos los pasajes de la riqueza de Abraham, la que obtuvieron los israelitas de los egipcios en el Éxodo, los Proverbios que hablan de los bienes y su administración, y por supuesto, la prosperidad salomónica. Ese filtro nos hace pensar del dinero en buenos términos.

Si nos encontramos más del otro lado, nos identificamos con los pobres de los que habla Santiago, o Jesús en sus parábolas. Podemos incluso citar a Pablo y su famoso señalamiento del dinero como la raíz de todo los males. Es bueno señalar que Pablo dijo que la raíz de todos los males es el amor al dinero (1 Tim. 6:10). Otro pasajes muy mentados para defender las causas sociales es el de Hechos 2 en donde los primeros cristianos adoptaron un mecanismo de sustento colectivo. Esto siempre sirve para abogar por estos temas de justicia social e igualdad. 

Ante esto es bueno destacar que las enseñanzas apostólicas acerca del dinero jamás fueron impuestas. Dar es una bendición, y esta enseñanza es una extensión de principios que se hallan a lo largo del Antiguo Testamento también. Así que el dinero en sí no es malo o bueno, somos nosotros que con el uso que le damos honramos al Señor, o no. En toda la Escritura, desde el mismo Génesis vemos que todo lo que poseemos ha sido dado por Dios, y la forma como lo administramos habla de nuestro corazón para Él.

4. Comer juntos es parte fundamental de la comunión. El libro de Levítico es considerado por muchos uno de los libros más incomprensibles del Antiguo Testamento. Nosotros aquí diferimos de esa postura, pero no te explicaremos por qué en esta ocasión. Sí entendemos que los rituales y las leyes son tediosos y quizá algo desconcertantes. ¿Cuál es el problema con los animales puros e impuros? ¿Cuál es el criterio para determinar que un animal es o no puro? Pues, los eruditos tienen siglos tratando de descifrar tal criterio, y hasta ahora el esfuerzo ha sido infructuoso.

No se sabe cuál es el criterio, pero sí se entiende por qué. Israel debía ser separado de sus vecinos, cuyas prácticas incluían necesariamente el consumo de sangre y de los animales de donde provenía esa sangre. De allí se establece un valor a las comidas, que todos tenemos: hay cosas que se pueden comer, pero no comemos. De este lado del mundo, por lo menos en las ciudades, la idea de comer ratas e insectos está completamente descartada. 

¿Qué pasa en la Biblia entonces? Pues, la comida era parte fundamental de la cultura bíblica. Compartías tu mesa solo con gente a quien le tenías confianza, porque la mesa expresaba intimidad. Es el equivalente a compartir tu cepillo dental. Era muy, muy íntimo. Ahora imagina el conflicto de alguien que jamás había comido puerco en su vida, compartir la mesa con alguien que sí comía. Haz el ejercicio de pensar en algo muy desagradable de comer para ti e imagínalo en tu mesa. ¿Comerías allí? Ese era el conflicto del que habla Pablo en algunas de sus cartas, sobre todo en Romanos. 

Entonces, podemos concluir que algunas de nuestras lecturas a la Escritura van cargadas de nuestras presuposiciones, y estas pueden impedir el entendimiento de la misma. Apenas hemos rasguñado la superficie, porque este no es un tema exhaustivo. Solo estamos poniendo algunos elementos sobre la mesa, porque queremos remover la tierra para plantar nuevas semillas. Es que crecer en el conocimiento de la Palabra es algo integral, y mientras mejor la comprendamos, más adecuadamente la aplicaremos. 

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